Historias del PCM

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Del verano austral al sol de la Toscana

Cualquiera que haya jugado tan solo una partida con PCM sabe que uno de los aspectos fundamentales que determinan el éxito o fracaso de una temporada, es la planificación de los objetivos y, por tanto, de los "picos de forma" en su inicio. Es un aspecto que con el paso de las distintas ediciones de PCM ha ido ganando en importancia y que más hay que cuidar. Por eso, mientras mis chicos gozaban de una agradable pretemporada en California yo buscaba la complicidad de mi más fiel aliado a la hora de atender todos estos detalles, a saber, mis tablas de Excel. Uno a uno fui definiendo los objetivos de cada uno de mis corredores para todo el año, configurando primeros los 9 que habrán de acudir a las Grandes Vueltas y después fijando distintos núcleos duros para las Grandes Clásicas. A continuación rellené huecos con los equipos que acudirían a las vueltas de una semana más importante (Niza, Tirreno, Volta, País Vasco, Trentino, Dauphiné, Romandía, Suiza, Eneco...). Así, cuando la temporada arrancó el 22 de enero en Australia (lo siento pero yo a San Luis no voy) todo estaba planificado, nada había quedado al azar.


Y fue bajo el abrasante sol del verano australiano dónde llegaron las primeras alegrías: Rui Costa y Tyler Farrar, ambos por partida doble y en el caso del primero sumando además la victoria en la general final, conseguían estrenar el casillero de victorias de este rejuvenecido Radioshack. Bien es sabido que durante este primer mes largo de competición las victorias son algo secundario y que el éxito o fracaso de una temporada no se va a medir por lo hecho en los albores de la temporada pero tampoco están de más unas victorias con las que levantar la moral del grupo y mantener contento al patrocinador mientras se siembra para lo que habrá de venir. Así, por ejemplo, al triunfo de Rui Costa en el Tour Down Under, le podemos sumar el de Cancellara en una Etoile de Bessèges algo deslucida por la pobre participación o la muy meritoria de Chavanel en el Tour del Mediterráneo, cimentada en una extraordinaria contrarreloj en la segunda etapa en la que el francés consiguió una ventaja suficiente sobre el noruego Boasson-Hagen y el murciano Alejandro Valverde que luego supo administrar, sobre todo en la subida al Mont Faron y en una última etapa durísima, con final en Grasse y dos puertos de primera por el camino, en la que sus rivales pusieron a prueba la solidez del líder con un sinfín de ataques. Al final y por sólo 12 segundos, el Gran Sylvain conseguía resistir como un titán y hacerse con la victoria en la general final. Unos días después repetiría éxito en el Trofeo Laigueglia, aunque esta vez la victoria fuese mucho menos sufrida, tanto que su compañero Van Avermaet se permitía derrotar a Flecha en el sprint final por la segunda plaza dándole a Radioshack su primer doblete en el podio del año. No sé porque pero intuyo que habrá muchos más. 

Chavanel sufre en los últimos metros del Mont Faron para mantener el maillot amarillo 

Pero no todo fueron días de gloria en este primer mes de competición. El joven Talansky, por ejemplo, no pasaba del 5º puesto en la Vuelta a Mallorca, aunque derrotado por auténticos pesos pesados del pelotón mundial como Contador, Horner, Voeckler o Kiserlovski; o del 2º en Algarve, donde un batallador Boasson-Hagen se hacía, esta vez sí, con la general final. Pero sin duda las derrotas más dolorosas iban a venir en las primera clásicas de adoquines del año: Omloop y Kuurne. En la primera un excelso Tom Boonen culminaba con éxito un ataque a 20 kilómetros de meta al que sólo había podido seguirle y de lejos, el suizo Cancellara. Vanmarcke, Degenkolb, Pozzato, Flecha, Ballan... hasta Chavanel, todos claudicaron ante el empuje de los dos Dioses del Pavés. El belga, brillante como pocas veces, mostraba un punto más de fuerza que su rival y en meta le aventajaba en 57". Al día siguiente, con muchas menos opciones reales de victoria (la Kuurne no tiene ni la mitad de adoquinado que Omloop) era Degenkolb quien se hacía con la victoria final luego de culminar una sorprendente escapada con Boasson-Hagen a la que nadie quiso dar importancia hasta que ya era demasiado tarde (con los alemanes siempre pasa lo mismo...). La última y dolorosa derrota del mes vino de la mano de Matthew Hayman, en Le Samyn. No tanto por la carrera en sí como por la manera en que se produjo: sobre la línea de meta, cazando a un valiente Taylor Phinney a 200 metros de meta luego de una brillante y portentosa cabalgada en solitario del americano.

Tommeke prevalece bajo la lluvia de la Omloop. Detrás un exhausto Fabian. Luego La Nada. 

El primer mes de competición concluía con un fructífero botín, a saber, catorce victorias (5 finales y 9 parciales) y algunas pequeñas decepciones. Y para empezar marzo, nada mejor que hacerlo con una nueva victoria, ésta sí, de verdadero prestigio. Ben Hermans, con la injustificable connivencia del pelotón, se iba a hacer con la victoria final en la Strade Bianche, antigua Eroica, una carrera que amenaza desde su creación con convertirse en una Clásica entre las Clásicas. Fugado casi de inicio, primero en un grupo de 10 corredores y durante más de 100 kilómetros en solitario, se presentaba en el espectacular casco antiguo de Siena con más de 7' de ventaja sobre su inmediato perseguidor, el italiano Cesare Benedetti. Al día siguiente, un poco más al sur, otro joven italiano, Enrico Battaglin, del Bardiani, batía a Van Avermaet en el sprint final de la Roma Maxi Classic impidiendo que los Radioshack prorrogasen su dictadura sobre las clásicas italianas. A esa misma hora se disputaba por las calles de Houilles el prólogo de la París-Niza. Pero eso ya es otra historia. 

Ben Hermans cruza en solitario las murallas de la Vieja Siena. El sol de la Toscana le recibe.





nanomag

Pero no volvió la cabeza


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