Había dejado en mi anterior post a Sean Kelly liderando la Volta a Mallorca después de su primera victoria, también la primera del Reynolds'89, en la meta de Deia. El irlandés había derrotado al holandés Rooks al sprint y afrontaba la última etapa con una escasa renta de 20 segundos. El recorrido, que tenía inicio y final en Inca, incluía tres cotas de tercera pero, incomprensiblemente, una última subida, mucho más dura que cualquiera de las anteriores que, sin embargo, no contaba como alto puntuable. Y ahí fue donde se jugó la carrera... y donde Reynolds hizo valer su superioridad en la montaña. Con Cornillet, Rodríguez Magro, Conti y finalmente Julián Gorospe, tirando del grupo, cualquier intento de fuga resultó inútil. Y eso que los Pino, Herrera, Hilse, Rolf Sorensen, etc, lo intentaron. Más curioso resultó que el holandés Rooks, a priori el único que podía inquietar al irlandés Kelly, no lo intentase hasta la cima. Pero ahí fue el propio líder el que salió al ataque de su rival, le superó, condujo el descenso y aprovechó la inercia para acabar imponiéndose con majestuosidad en la meta de Inca. A su segunda victoria parcial había que sumar la general final. Primera ronda por etapas y primera victoria final más dos parciales. Un extraordinario botín.
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| Kelly I, Amo y Señor de Mallorca |
TOUR DEL MEDITERRÁNEO
Después del exitoso y prometedor inicio de temporada, la segunda unidad de este Reynolds'89 acudía a su primera carrera fuera de España. Con el joven Miguel Indurain como jefe de filas y, secundado por los Lelli, Cabestany, Gastón, Delion, etc... tenía como objetivo llegar con opciones a la última etapa, con final en el Mont Faron. Hasta entonces tres etapas llanas en las que, presumiblemente habría llegada al sprint y en las que las bonificaciones debían servir de incentivo en espera del decisivo epílogo. Ese debía ser el desarrollo lógico de la carrera. Debía.
Pero cuando la carrera arrancó en Pertuis nadie reparó en un pequeño detalle que, a la postre, acabó determinando el desarrollo de este Tour del Mediterráneo. En la nómina de participantes no figuraban sprinters de relumbrón. Hombres rápidos sí, pero no auténticos velocistas. Esto acabó por convertir las llegadas en un sálvase quién pueda. Con muchos corredores queriendo coger los preciados segundos de bonificación. Así, el primer día, el francés Pascal Poisson se imponía por delante de Acacio da Silva y Rolf Golz en una llegada con un último kilómetro ligeramente en subida en el que Indurain no pudo competir pues se vio cerrado contra la valla... por Claudio Chiappucci. El segundo día, otro francés, Ronan Pensec conseguía su victoria, con el alemán y el portugués, nuevamente, por detrás. Para el de la Superconfex, el premio iba a llegar en el tercer día, cuando batía a los dos ganadores de las primeras jornadas. Pensec era segundo y Poisson tercero. Rolf Golz lideraba la general con 8" sobre Pensec... y 40" sobre Indurain. Las bonificaciones podían resultar decisivas.
Así se llegaba a la última jornada en la que las duras rampas del Mont Faron debían dictar sentencia. Pero la subida no era muy larga, algo más de seis kilómetros tan solo, por lo que, si se quería abrir el suficiente hueco como para ganar la carrera, había que atacar desde abajo. Y eso fue lo que hizo Indurain, que a 5 kilómetros de la cima, ya marchaba en solitario, acumulando segundos de ventaja. A 3 kilómetros era virtual líder con 43" sobre un grupo que lideraba Ronan Pensec. Sin embargo, el francés de la Z-Peugeot no se puso nervioso y poco a poco fue limando las distancias con un fatigado Miguel, que veía como sus posibilidades de alzarse con la general se esfumaban en los siguientes 2000 metros. Pensec, que había soltado ya a Rolf Golz, se convertía en virtual líder. A 1 kilómetro de la cima al virtual líder ya sólo le aguantaba Acacio da Silva. Ambos estaban a menos de 20 segundos del navarro, que aún lideraba la etapa. La victoria parcial peligraba para Miguelón. Sin embargo un último arreón le iba a permitir darse el placer (menor) de llevarse la etapa reina de este Tour del Mediterráneo y dejar la duda en el aire de lo que hubiese pasado de haberse presentado al menos un par de sprinters de primer nivel. O de haber podido disputar la primera etapa sin la injerencia de cierto diablo. También sirvió, de paso, para presentar su candidatura para la inminente París-Niza. Aunque antes habrá que ver que pasa en Algarve y Andalucía. Pero eso ya os lo cuento otro día.
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| Indurain a por todas en el Mont Faron |




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