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Volta ao Algarve, victoria a los puntos.

La segunda parada de Miguel Indurain en su recorrido hacia la París-Niza llegaba en Portugal. Cinco días de competición con un poco de todo: etapas llanas, las dos primeras y la cuarta; una llegada en alto aunque en un puerto más corto y más suave que el Mont Faron, donde Indurain había conseguido su primera victoria del año unos días antes; y sobre todo una contrarreloj final de 25 kilómetros, llanos, que convertían al navarro, dada la nómina de aspirantes, en el máximo aspirante al triunfo final.

Ya el primer día, la emergente estrella de Reynolds se mostró muy enchufado cuando en el sprint final, ligeramente en subida, consiguió hacer 4º, superado sólo por los belgas Frison y Roosen, del Histor-Sigma, y por el alemán Hilse, del Teka. 

El segundo día la sorpresa fue que el pelotón consintió una fuga de corredores que habían quedado rezagados tras la durísima primera jornada. Entre ellos se colaba un Reynolds, Jesús Blanco Villar, que, junto a Luis Fernando Santos, Guay y Strazzer, se presentaban en meta con más de 8' sobre un pelotón encabezado por el propio Indurain. El portugués del Recer-Boavista iba a ser el vencedor de la etapa. Frison conservaba el liderato.

Y se llegaba así a una de las dos jornadas decisivas de esta ronda portuguesa: la tercera etapa con final en Malhão. A pie de la subida final se llegaba con el pelotón agrupado por lo que los ataques en busca de la sorpresa se sucedieron desde las primeras rampas. Así las cosas, lo mejor era dosificar fuerzas y no volverse loco intentando salir a todos los ataques mientras se buscaba el momento idóneo para un único y certero golpe. Pero pasó que uno de esos aparentemente inocentes ataques protagonizado por el joven belga Edwig Van Hooydonck, se acabó convirtiendo en una pesadilla para los favoritos que no pudieron darle caza y que tuvieron que conformarse con minimizar la pérdida a 18". El belga era el nuevo líder y Miguel, a falta de dos jornadas, quedaba situado en 5ª posición, a 35".

El penúltimo día, de transición entre las dos jornadas decisivas, sirvió para que el holandés de Superconfex, Gerrit Solleveld, se llevase la victoria final al sprint. Indurain, por lo que pudiese pasar, había pescado 3" de bonificación en un madrugador sprint especial y afrontaba la crono final desde la 4ª plaza, con 32" de retraso. Una terrible caída de Criquiélion que le había obligado a abandonar cuando marchaba 4º de la general, le había permitido subir un puesto.

Indurain volando en la crono final. Cada segundo cuenta
Los 25 kilómetros de la contrarreloj final daban de sí para todo tipo de conjeturas. Indurain necesitaba sacar algo más de un segundo por kilómetro para poder hacerse con la victoria final. Tener a Blanco Villar y Martínez Oliver saliendo mucho antes que él debía ser buena referencia a la hora de afrontar la crono. Pero en el único punto intermedio, situado en el kilómetro 12, las noticias no podían ser menos halagüeñas. Indurain había marcado el 3er mejor tiempo, a 5" del alemán Dietzen... y a 1" del líder, Van Hooydonck. Quedaban algo más de 13 kilómetros para recuperar 33" como mínimo. De uno por kilómetro se había pasado a dos segundos y medio. ¿Imposible? Miguel apretó entregando todo lo que tenía y en meta acabó superando a Dietzen por 11". Le había sacado 16" en 13 kilómetros. Extraordinario... pero ¿sería suficiente para derrotar al insolente belga que lideraba la general? Los tiempos de los que aún restaban por llegar no hicieron sino incrementar el suspense. Frison, el primer líder de la Volta, llegaba a 45" del navarro y Peter Hilse perdía 1'20"... en la 11ª posición. La segunda parte de la contrarreloj de Indurain había sido espectacular, no había duda. Parecía posible el milagro. Ya sólo faltaba confirmar el tiempo de Van Hooydonck. Indurain había marcado 34'49" por lo que el belga de Superconfex tenía hasta los 35'20" para mantener el amarillo. 

Y sucedió que Van Hooydonck cruzó la meta con un tiempo de 35'21". Dramático. Navarro y belga quedaban empatados a tiempo y había que esperar la resolución final de los jueces para comprobar quien era el ganador final de la Volta ao Algarve de 1989. Tras unos minutos de suspense, la imagen de Miguel Indurain vestido de amarillo copaba la pantalla. La victoria, a los puntos, era suya. Una victoria demasiado agónica. Quizá por eso supo tan bien.



nanomag

Pero no volvió la cabeza


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