Fue como ir en chándal a la entrega de los Oscar. En la línea de salida de Calella, el 18 de marzo, (casi) todos los equipos se presentaron con sus mejores galas. AG2R con Betancur y Gadret; Astana con Andy, Klöden y Brajkovic; BMC con Van Garderen y Evans; Belkin con Mollema, Gesink y Luis León; Cannondale con Peter Velits; Garmin con Daniel Martin y Hesjedal; Katusha con Purito y Dani Moreno; Lampre con Scarponi; Movistar con Valverde; Omega Pharma con Chris Horner; Orica con Gerrans, Sky con Porte y Saxo Bank con Contador y Kreuziger. Estaba claro que faltaban algunos ilustres, por ejemplo Sky acudía sin el núcleo duro de su poderosa armada (Wiggins, Froome, Henao, Urán...). Extrañamente Euskaltel se presentaba sin Samuel ni Igor Anton en la salida igual que Cannondale se olvidaba de Basso. ¿Y Radioshack? Pues acudía con un equipo diseñado para dominar la Volta... de 2016. A saber: Jungels, Verona, Debusschere, Talansky, Izagirre y Pinot junto a los "veteranos" Herrada y Bakelants. A nada que imperase la lógica y dado el exigente recorrido (2 llegadas en alto, en las etapas 3 y 4, ésta última tras un auténtico raid alpino) el top10 iba a ser el techo, el objetivo realista por el que luchar. Plantearse algo más ambicioso era soñar despierto. Y es que con Pinot aún sacudiéndose la pereza del cuerpo (era su primer día de competición en todo el año) y con Nibali y De Gendt reconociendo las etapas claves del Giro y sin haber debutado aún, el joven Talansky debía asumir, una vez más, la capitanía del equipo.
Así que, visto lo visto, además del top10, luchar por una victoria parcial constituía el otro gran objetivo de este pequeño ensayo general para el Tour de Francia. Y esa balsámica victoria pudo haber llegado ya en el primer día de competición. Pero en una exhibición de músculo de algunos de los capos de la carrera que iban a meterse en el sprint midiendo sus fuerzas dejó a mi chico rápido, el belga Debusschere, sin opciones. La victoria y el primer maillot de líder en ese sorprendente sprint fue para Joaquín Rodríguez, secundado por un desconcertado Romain Feillu. El tercero era un excelente pero no por ello menos sorprendente Alberto Contador. Debusschere se veía relegado al quinto puesto, tras Dani Moreno. Habíamos gastado una bala. Quedaban seis.
El segundo día de carrera, similar desarrollo, esto es, escapada consentida, pereza generalizada, zafarrancho de combate, persecución, captura, sprint, locura... y victoria, esta vez sí, del mayor de los Feillu. Rojas era segundo y Purito repetía podio, esta vez tercero. Debusschere volvía a repetir quinto puesto, ahora por detrás de Horner. Estaba claro que se iba a pelear cada segundo de la general.
La primera de las dos etapas reinas de esta Volta llegaba el tercer día de competición, con final en Vallter 2000. En sus rampas, Contador iba a exhibir el extraordinario golpe de pedal que le ha llevado a ser el insultante dominador de las vueltas de una semana en este agitado invierno (Mallorca, Andalucía y París-Niza acumulaba el pinteño en su palmarés antes de empezar la ronda catalana). Con un minuto y medio de ventaja sobre Horner y Valverde, más de dos sobre Evans, casi tres sobre Kreuziger, el líder Joaquín Rodríguez y el americano Van Garderen; el madrileño no sólo conseguía la victoria de etapa, también escenificaba con un golpe psicológico letal su absoluta supremacía. Por mi parte, y en vista del resultado obtenido en Tirreno, había planteado la carrera de forma más defensiva. Se trataba de arropar a Talansky hasta las mismas faldas de Vallter 2000 y allí dejarle que se exprimiese en la subida y que ocupase su "lugar natural" dentro de la carrera. Y sucedió que su "lugar natural" acabó siendo el decimosexto puesto, a más de seis minutos de Contador, a casi un minuto del anterior clasificado, esa especie de Gorospe holandés que resulta ser Robert Gesink. Y pese al decepcionante resultado tampoco puede decirse que hubiese estado mal pues sólo Daniel Martin de todos los quince clasificados antes que Talansky, daba unas prestaciones , a priori, parecidas a las de éste último en las subidas. Al resto se les suponía superiores y así lo demostraron en la carretera.
Contador despliega las alas y emprende el vuelo solitario hacia la meta de Vallter 2000. La Volta tiene amo y señor
De hecho la realidad se mostraba tan demoledora que al día siguiente, en la etapa que acababa en Port Ainé-Rialp, el puesto ocupado por Talansky iba a ser prácticamente el mismo, decimoquinto esta vez y porque ha mitad de recorrido el australiano Richie Porte decidió bajarse de la bici, vaya usted a saber los motivos. Es decir, los catorce que estaban por delante de Talansky más el aussie del Sky, eran los quince que habían estado delante de él en la anterior etapa. Y como había sucedido un día antes, Contador iba a ser el dominador. Nueva victoria de etapa y ahora sí, carrera definitivamente sentenciada. Purito Rodríguez se recuperaba de su día malo y hacía segundo, Valverde, constante como nunca lo ha sido, repetía en el tercer puesto. La carrera tenía un dueño. Y era un tirano.
Así las cosas, las últimas tres etapas sólo sirvieron para que Movistar, más en concreto Alejandro Valverde, se diese un pequeño festín a costa de los especialistas. Dos victorias parciales consecutivas (etapas 5 y 6) servían para auparle, bonificaciones mediante, al segundo puesto de la general. El día de la primera victoria del murciano, el quinto de carrera, fue lo más cerca que un Radioshack estuvo de levantar los brazos en esta Volta: Debusschere se quedó cuarto, tras Valverde, Rojas y Janse Van Rensburg. Ya no volvería a tener otra oportunidad así. El último día de carrera, con llegada en Barcelona, la sorpresa iba a ser que la fuga del día iba a plantarse en meta en solitario y que Xavier Florencio iba a conseguir el último parcial de una semana que sirvió para mucho por muy poco que se consiguiese: y es que va a haber que correr mucho con Nibali para derrotar a Contador.
CRITERIUM INTERNACIONAL
Una de las conclusiones más positivas que estoy sacando sobre estos primeros meses de competición es que mis chicos, los Radioshackboys, están siempre, salvo contadísimas excepciones y normalmente debido a cuestiones tácticas, donde deben estar. Esto es, ganamos lo que debemos ganar y cuando perdemos (casi) siempre es porque somos peores. Está aplastante lógica deductiva quedó bien patente en el Criterium Internacional. Con una participación pobrísima (lógico, estaban TODOS en la Volta), Rui Costa, el otro de mis grandes triunfadores de este largo invierno, se presentaba como el máximo favorito para la victoria final. El francés Pierre Rolland parecía su enemigo más temible. Pero después de la mini-contrarreloj del segundo día, las dudas quedaban prácticamente despejadas del todo. El portugués era tercero, a 7 segundos de su compañero Malori (primera victoria del joven italiano con el maillot de Radioshack) y a 5 de Coppel. Rolland quedaba relegado al decimoséptimo puesto, a 30 segundos de Malori, es decir, a 23 de Rui Costa. Mucho iba a tener que correr el francés de Europcar en la subida al Col de l'Ospedale si quería derrotar al portugués.
Y ocurrió que Rui Costa se limitó a seguir la rueda de Rolland a lo largo de toda la subida, a salir eficazmente a todos y cada uno de los ataques que el francés lanzaba, a todos y cada uno de los órdagos que proponía. Magníficamente escoltado por Majka y Barguil, Rui Costa se permitía incluso lanzar un par de andanadas para poner a prueba a Rolland para acabar cediéndole la victoria de etapa mientras celebraba la victoria final alzando los brazos al cielo unos metros después de un victorioso aunque insatisfecho Rolland. Pocas victorias más amargas habrá para el francés, pocas derrotas más dulces sufrirá el portugués. Era la segunda victoria en una general final tras la del Tour Down Under para Rui Costa.
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| Rui Costa pone a prueba a Rolland en la subida de l'Ospedale con varios ataques. Se acaba su triunfal invierno |
3 DÍAS DE LA PANNE
Es una de mis debilidades del mes de marzo, lo reconozco. Y eso que con el paso de las ediciones tengo la sensación, no contrastada, de que cada vez hay menos tramos adoquinados y que cada vez queda todo más reducido a la lucha en la contrarreloj final. Sea como fuere, a estos tres días siempre acudo con mi equipo de lujo para las clásicas de adoquines, mermado este año, eso sí, por la concentración en Oudenaarde de la que ya di cuenta en la anterior entrada. Pero como me viene ocurriendo en muchas pruebas en estos meses iniciales, sucedió que me encontré sólo, sin rivales. Otra prueba más cuyo prestigio se va al garete por la nula atención que le prestan los equipos Pro-Tour Qué quedará de aquella bravuconada de "los mejores corredores del mundo en las mejores carreras". ¿Eh, McQuaid? ¿Qué fue de eso?
El caso es que la ausencia de favoritos sólo consiguió incitarme a conseguir una victoria incontestable. Por eso, ya el primer día, el único con cierta presencia de adoquines, decidí que había que dejar bien claro quiénes eran las figuras allí, quiénes respetaban las tradiciones y a la carrera. Y sin dudarlo, a cuarenta kilómetros de meta, justo cuando la fuga del día era neutralizada y en el tramo de mayor concentración de adoquines, lanzaba a Chavanel. A la aventura. A un viaje sin retorno. Ganar a lo grande o perder con dignidad. Y sucedió que, en el estado de forma en el que se encuentra el francés a estas alturas de la temporada, y con la ausencia de rivales de enjundia, lo que se suponía que iba a ser un simple golpe de efecto para meter miedo, acabó convertido en la puntilla, en la sentencia definitiva de la carrera pues Chavanel se presentaba en meta con más de 5 minutos de ventaja sobre el segundo clasificado, su compañero Phinney. El tercero, Felline, llegaba a 5 minutos y 30 segundos.
Chavanel decide que ha llegado la hora de los valientes. 40 kilómetros por delante para sentenciar De Panne
Así que en los dos siguientes días me dediqué a engordar el palmarés de uno de mis "niños mimados", el americano Farrar. Por eso, su doblete en la segunda y tercera etapa me hizo tanta ilusión. Después de su otro doblete, éste en los albores de la temporada, en Australia, no había vuelto a conseguir ninguna victoria así que estos dos triunfos me hicieron especialmente feliz.
Pero aún faltaba la crono final. Casi 12 kilómetros de puro trámite. Tanto es así que Chavanel firmó otra victoria más, la novena de la temporada si le contábamos la general final, con la que cerraba un invierno sublime y se postulaba como uno de los grandes favoritos para el Tour de Flandes.




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