Historias del PCM

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De Flandes a Roubaix: La Guerra del Norte (II)

PARÍS – ROUBAIX

Si tuviese que elegir un solo día del calendario ciclista, sin duda elegiría el segundo domingo de abril, el día que se corre la París-Roubaix, la carrera con más sobrenombres de todas: el Infierno del Norte, la Dernière folie, la clásica de las Clásicas, etc… Y es que ninguna otra carrera conserva mejor que ésta el aroma de un ciclismo ya extinto, ninguna condensa de manera más precisa la esencia de lo que un día fue un deporte con más de aventura, de epopeya, que de pura competición. Por eso, incluso en el PCM, siempre es especial enfrentarse a esos 27 tramos de adoquines esparcidos a lo largo de los algo más de 150 kilómetros.

Curiosamente, la táctica para proclamarse vencedor en esa especie de templo sagrado que es el Velódromo de Roubaix es algo más sencilla que en cualquier otra clásica y es en la dificultad de su ejecución donde reside la clave. Pero si llegas en forma y eres de los mejores, es muy difícil que no estés en la disputa final pues al contrario que en el resto de carreras de un día, incluido el Tour de Flandes, el recorrido es tan exigente que resulta complicado que un outsider, de la sorpresa. De hecho, en el juego, directamente es imposible.

Pues bien, yo cumplía todos los requisitos previos: tenía a uno de los mejores, de los dos mejores corredores del mundo en la especialidad, el suizo Fabian Cancellara, que llegaba pletórico de forma. El equipo que iba a tener a su disposición era igualmente capaz y también se encontraba en un momento de forma excepcional, como habían demostrado en Flandes una semana antes. Así las cosas, sólo una torpeza por mi parte podía evitarme luchar por la victoria final.

Hasta Troisvilles, primer tramo de adoquines, la carrera fue una reproducción exacta de la película de la etapa del Tour de Flandes, esto es, escapada consentida, calma tensa y a evitar imprevistos. Es a partir de ese momento, cuando los tramos de adoquines comienzan a encadenarse, cuando la carrera se vuelve más peligrosa, cuando más fácil es sufrir algún percance y más difícil subsanarlo: el pelotón aún es demasiado numeroso, todos los favoritos tienen a su guardia pretoriana junto a ellos, todos, jefes y gregarios, quieren estar delante justo en el momento en que la carretera se estrecha… entonces sobrevienen los pinchazos, las caídas, los frenazos. La locura. Por eso es fundamental ir con un equipo que sepa desenvolverse en estos tramos.

Poco a poco el pelotón ha ido menguando y con el paso de los tramos, hasta algunos favoritos van quedando cortados. Cuando llegamos al primer tramo de 5 estrellas, el Bosque de Arenberg, apenas queda una veintena de corredores en cabeza. Boasson-Hagen, Langeveld, Vansummeren, Leukemans, Haussler, Terpstra, Geraint Thomas… ya han perdido contacto y deambulan a más de 2 minutos de un grupo donde el checo Stybar, fiel lugarteniente de Boonen, y mi perla americana, Phinney, llevan al resto con la lengua fuera. Sólo Boonen y Cancellara, como era de prever, parecen aguantar sin sufrir en exceso, el vertiginoso ritmo de estos dos auténticos flahutesPara cuando salimos del tramo hay al menos 5 bajas y algunos favoritos como Hushovd, Breschel o Pozzato han mostrado síntomas de debilidad.

Los Radioshacksboys comandan el grupo de cabeza en esa Meca ciclista que es el Bosque de Arenberg.

A partir de ahí y hasta los 40 kilómetros finales, la carrera se vuelve extremadamente táctica. Mis chicos se empeñan en mantener un ritmo elevado para ir desgastando a los más débiles y para aislar a los grandes favoritos. Se trata de que cuando empiece la batalla, Fabian sea el único que pueda mirar a su alrededor y encontrar una cara amiga. Y son, precisamente, dos de aquellos que más habían sufrido en Arenberg, los primeros en lanzar una andanada. Pozzato, seguido por Breschel, tensan la carrera en un largo tramo de adoquines. Boonen les sigue y a su rueda se coloca Cancellara, bien arropado por Van Avermaet. Detrás llegan, más forzados, Vanmarcke, Flecha, Chavanel y Hushovd. Son 9 corredores, no serán más en el resto de la carrera. La segunda parte del plan ha funcionado y Fabian es el único con gregarios a su alrededor.

El siguiente paso adoquinado se realiza con Van Avermaet marcando un fuerte ritmo para evitar que nadie entre, para generar desgaste. Y es justo al salir, cuando el tercero de los “faroleros de Arenberg”, el noruego Hushovd, lanza un ataque. Boonen es el primero en responder. Luego llegan el resto y todo se serena de nuevo. 

A 6 tramos para el final, de nuevo Pozzato hace una dura apuesta y sin levantarse del sillín acelera justo cuando el suelo empieza a temblar bajo sus pies. Hushovd, Boonen y Vanmarcke son los primeros en responder. A Chavanel, Cancellara y Flecha parece costarle más. Breschel se descuelga y Van Avermaet se despide exhausto. Pozzato parece renunciar a la heroica y se deja cazar a la salida del tramo, momento que aprovecha Hushovd para lanzar su segundo ataque. El propio Pippo, Boonen, Fabian y Vanmarcke responden fácilmente al órdago del noruego. A Chavanel le cuesta algo más llegar a cabeza y Flecha y Breschel sufren todavía más. Pozzato lanza entonces su tercer ataque, casi encadenado con el de Hushovd, como si éste le hubiese hecho las veces de lanzador. A su rueda los mismos cuatro de antes. Flecha y Breschel se alejan de la cabeza con cada arreón, mientras que Chavanel ha reventado definitivamente y queda descartado. 

Es entonces, a la entrada del siguiente tramo, cuando Boonen lanza su primer ataque. A Cancellara, a cola del grupito, parece haberle pillado por sorpresa, lo que supone tener que hacer un esfuerzo extraordinario para coger la rueda de sus rivales. Por si esto fuera poco, en cuanto Boonen se sienta y parece renunciar, es Vanmarcke el que se lanza a la aventura aunque son más fuegos de artificio que otra cosa, como lo demuestra el hecho de que Flecha y Breschel logren entrar finalmente en el grupo. El catalán, muy crecido tras su victoria en Flandes, se permite el lujo de, aprovechando el parón, lanzar dos ataques casi consecutivos que hacen sufrir, sobre todo a Hushovd y Vanmarcke, tal es así que en el tramo número 4, ambos entran con unos metros perdidos sobre sus rivales. Aunque un nuevo ataque, éste de Breschel, parece finiquitar definitivamente las opciones del noruego y del belga. Pero el nuevo parón en el grupo perseguidor, les permite a ellos entrar e incluso el danés se permite el lujo de coger unos segundos, no más de 30, que sin embargo empiezan a parecer un mundo. 

Nos aproximamos al Carrefour de l’Arbre, tramo 3 y último de los tramos 5 estrellas y el lugar que Cancellara tiene marcado con una X para hacer su apuesta e intentar, si no sentenciar la carrera, sí al menos reducir el número de aspirantes al máximo. Pero nada está saliendo como planeaba desde que logramos quedarnos solos hace unos 30 kilómetros. Flecha y Pozzato logran abrir un hueco considerable justo antes de empezar el tramo adoquinado y para cerrarlo, Fabian tiene que lanzar un brutal ataque en el que, sin embargo, se deja la mayor parte de sus fuerzas. A todo esto, Breschel, que sigue siendo cabeza de carrera, ronda ya los 40 segundos de ventaja sobre el español y el italiano y empieza a parecer inalcanzable. 

Como ya sucedió en Flandes, incomprensiblemente todos los compañeros de grupo de Fabian parecen renunciar a la carrera. Boonen, Vanmarcke y Hushovd se desentienden de la caza así que al entrar en el Carrefour de l’Arbre es el propio Cancellara quién fuerza la máquina. Entonces el noruego lanza un ataque, nadie responde, Fabian sigue a su ritmo. Hushovd, por delante, caza a Flecha y Pozzato que, además, se echan encima de un desfondado Breschel que empieza a comprobar que quizá mordió más de lo que podía tragar. Se forma así un cuarteto en cabeza al que sólo parece perseguir Cancellara, con Boonen y Vanmarcke soldados a su rueda. El suizo sabe que está firmando su sentencia de muerte pues es imposible que en una llegada en grupo logre batir a corredores como Pozzato, Hushovd o el propio Boonen y sabe que el esfuerzo que está haciendo por cazar va a suponer quedarse sin fuerzas para intentar nada una vez que lo logre… si lo logra. Pero también sabe que si ceja en su empeño y Boonen y Vanmarcke no toman el relevo, la carrera habrá acabado. No puede dudar.

Boonen lidera el grupo al primer paso por la meta. Sus rivales preparan el sprint. La victoria va a decidirse en segundos
Es en el último tramo cuando se produce el reagrupamiento… y el ataque de Fabian. ¿Para qué esperar a perder en un sprint que es como jugar al póquer con una baraja marcada? Perdamos ya, a lo grande. El ataque pilla por sorpresa, o tal vez fatigados, a sus rivales, y el suizo sale del tramo con 13 escasos segundos de ventaja. Pero se lo ha dejado todo intentando cazar y a Boonen, que arrastra al resto, no le cuesta en exceso llegar a la rueda de Fabian. Ahora sí, gastadas todas las balas, toca guardar y recuperar algo para, por lo menos, poder disputar el sprint. El belga hace una de las suyas y se permite el alarde de entrar en cabeza en el Velódromo. Incluso completa la media vuelta antes de que se lance el sprint, liderando el grupo. Fabian está a rueda de Boonen. Es cierto que tiene al resto detrás y preocupan Breschel y Hushovd pero ya he perdido otras veces aquí justo por arrancar el sprint en las posiciones traseras del grupo así que estoy convencido de que llevo el lugar adecuado para disputar la victoria final. Al paso por la línea de meta Boonen lanza el sprint, Fabian permanece a su rueda y el resto detrás. Es al pasar por antemeta cuando Hushovd se lanza, por el exterior de la cuerda. Rebasa a sus rivales y, con Breschel y Pozzato a su rueda, entra en recta de meta en cabeza. Boonen, que se ha equivocado lanzando el sprint tan pronto y encima desde el primer puesto, es cuarto, Fabian, que ha dado todo en los últimos 20 kilómetros se ve superado justo por los 4 corredores que hay que son más rápidos que él. La victoria final es para el noruego, imbatible en el sprint después de haber estado un par de veces contra las cuerdas. El danés Breschel, que también estuvo casi descartado en otro par de ocasiones, es segundo, y el italiano Pozzato ocupa el tercer puesto.

Dos quintos puestos es el pobre balance de una semana de clásicas de adoquines. Se impone una seria reflexión a partir de ahora. ¿Por qué se perdió? ¿Se pudo ganar realmente en algún momento? ¿Qué responsabilidad es atribuible a mi interpretación de la carrera y mi utilización de los recursos y cuál a la IA del juego? A todas estas cuestiones pienso ir dando respuestas en las próximas carreras. Porque tengo pensado volver el año que viene, como siempre, dispuesto a ser el Rey del Norte.



nanomag

Pero no volvió la cabeza


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