GIRO D'ITALIA
Primera semana
Cuando el 4 de mayo una nueva edición del Giro d'Italia arrancó con la miniprólogo de Reggio Calabria (1.1kms era poco más que un sprint desde la rampa de salida hasta la meta) los nombres de Vincenzo Nibali y Fabio Aru sobresalían por encima del resto como los dos grandes aspirantes a la maglia rosa del último día, en Brescia.
El siciliano se había mostrado inmensamente superior a sus rivales en el reciente Tour de Romandie mientras que el sardo presentaba su excepcional victoria en la edición de 2014 como principal credencial amén de sus notables victorias en Tour del Mediterráneo y Tirreno-Adriático este mismo año. Detrás de ellos, en un segundo escalón de favoritismo encontrábamos al americano Van Garderen al frente de Astana, con Pozzovivo como alternativa. Uran, al frente de Randstad y Pinot liderando el Team Ikea completaban el trío de aspirantes al podio. Y poco más. Nombres como Visconti, Cunego, Basso, Taaramae, Evans, Intxausti, Velits o Fränk Schleck aparecían como outsiders pero más por necesidad de rellenar huecos que porque se les concediesen verdaderas opciones de brillar. Al menos en la lucha por la general.
Como decía antes, la escueta versión de una prólogo que había preparado la organización daba para poco más que para otorgar la primera maglia rosa, que iba a ser para el aussie Rohan Dennis. Entre Nibali, 8º, y Aru, 42º, sólo había 4". La batalla aún no había comenzado.
Leigh Howard en la primera etapa en línea y Elia Viviani en la segunda, conseguían sendas victorias que dadas las estrecheces de la general les daba el liderato gracias a las bonificaciones. Ya en la etapa 4, con final en Giffoni Valle Piana, Aru iba a buscar ganar los primeros segundos de ventaja sobre sus rivales. La idea era llegar a la crono de Firenze, en la etapa 9 lo más arriba posible en la general. Con un ataque bajando un puerto de 2ª al que sólo respondieron Taaramae y Visconti le proporcionaba 22" de renta (más los 4" por hacer 3º en meta) sobre el resto de rivales. El estonio, vencedor de etapa era el cuarto líder en cuatro días.
La llegada a Frosinone, al día siguiente, servía para que Boy Van Poppel se hiciese con su primera victoria de etapa y para que un líder nos durase dos días. Tres llegadas al sprint, tres vencedores distintos. ¡Viva la diversidad! Así se llegaba a la etapa de L'Aquila en la que un puerto de 1ª, aunque a 56kms de meta, prometía entretenimiento. Pero no tanto como el que al final hubo porque un ataque de Cunego, que por momentos recordó al de 2004, puso en jaque al pelotón. Los nervios por no dejar escapar ni un segundo provocaron que se formase un grupito perseguidor de favoritos donde estaba Nibali, Pinot, Uran Van Garderen, Visconti, Pozzovivo, el líder Taaramae y por supuesto, Aru. Sin acuerdo para perseguir y a base de ataques, el grupo consintió que Cunego llegase a meta en solitario con suficiente ventaja como para hacerse con el liderato. Además Nibali asestaba un nuevo golpe a sus rivales en el muro final, consiguiendo 13" respecto a Aru.
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| Etixx intenta dinamitar el Giro camino de Pistoia y acaba pegándose un tiro en el pie |
La cuarta llegada al sprint, en la etapa 7, iba a servir para ver el cuarto vencedor distinto, en este caso el italiano Nizzolo. Si alguien consigue 2 victorias podrá decirse que ha sido el dominador de las volattas. Llegaba así la etapa de Pistoia, la primera realmente prometedora. La Salita di Sammomme, un puerto de 1ª a sólo 13kms de meta, hizo que los tambores de guerra sonasen desde bien pronto. Y así fue como los ataques se sucedieron desde bien abajo, casi al empezar la ascensión de algo más de 8kms. En Etixx-Quick Step, siguiendo la estrategia de acción-reacción que tan buen resultado había dado en 2014, lanzamos a Talansky por delante buscando provocar a Nibali. Si el Squalo salía debía encontrarse con Aru soldado a su rueda. Si no lo hacía, Talansky debía volar. Pero sucedió que la arrancada de Nibali fue tan fuerte que dejó clavado a Aru y le permitió superar al americano. En el descenso, la batalla era por minimizar la pérdida que al final se fue a los 40". Aunque Aru se colocaba 2º, daba la sensación de haber llegado a su tope pues Nibali se mostraba absolutamente intratable.
La crono de Firenze, con 45kms y una dura subida en el primer tercio, no vino sino a confirmar todas las tendencias apuntadas en las ocho jornadas anteriores, a saber, Nibali es el corredor más fuerte de la carrera (se hizo con una nueva victoria de etapa dominando la crono de principio a fin) y la posibilidad de jugar dos bazas, Aru-Talansky, como ya sucedió en 2014, se presenta como la única forma de destronarle. Porque el resto de favoritos, incluido un Van Garderen de lo más irregular, no están en condiciones de presentarle batalla al líder del BMC.
Con algo más de una semana de Giro, así está la general:



















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